Fotografía: Alisson Vargas | Cocha Sk8
El skateboarding en Cochabamba no es solo un
deporte; es una cultura subterránea que, con el paso del tiempo, ha sabido
ganarse su espacio a pulso. Para conocer sus orígenes y evolución en la Llajta,
conversamos con Sergio Ezequiel Jimenes Lafuente, mejor conocido en el asfalto
como “Zeze”, un skater de 33 años que forma parte de la emblemática segunda
generación de patinadores de la ciudad.
Los primeros pasos: entre sobrinos y amigos
punks
La relación de Zeze con la patineta comenzó de manera casual, cuando tenía entre 12 y 13 años, gracias a sus sobrinos. Sin embargo, no fue hasta los 15 años, en 2006, cuando el skate se convirtió en una constante en su vida.
“Tenía unos amigos que eran punks y ellos andaban en patineta; ahí fue donde empecé a patinar más”, recuerda con nostalgia, marcando el inicio de una trayectoria que ya suma cerca de dos décadas.
En ese entonces, la escena cochabambina era reducida pero muy unida. Zeze estima que en toda la ciudad había entre 30 y 50 personas que compartían esta pasión. Lejos de las multitudes, este grupo de pioneros se convirtió en su escuela. Tuvo la oportunidad de rodar con figuras clave de la vieja escuela local, como Max, Jaime (alias “Na”), “El Abuelo” y Silio Prado, un skater brasileño que residió durante varios años en Bolivia.
El truco que lo cambió todo
Al recordar qué fue lo que lo enamoró de este estilo de vida, Zeze no duda en señalar el impacto visual de ver a otros superar obstáculos urbanos.
“Ver a mis amigos saltar una mochila con un skate fue algo sorprendente para mí. Ponían una mochila y la saltaban con el truco básico que se llama ollie. Ver eso fue como decir: ‘¡Wow, yo también quiero hacerlo!’”.
Ese asombro inicial, sumado a la motivación, el apoyo y el compañerismo del grupo, fue el motor que lo impulsó a no soltar la tabla.
La Cobija y el Parque del Niño: epicentros del movimiento
Posteriormente, la ruta habitual los llevaba hacia el Parque del Niño, un espacio que permitía encuentros más amplios y facilitaba la conexión entre patinadores que preferían los parques frente a la adrenalina de las calles.
Hoy, la escena ha crecido de manera significativa, pero la esencia que describe Zeze se mantiene intacta: un lazo basado en la persistencia, la superación personal y, sobre todo, la hermandad que se construye sobre ruedas en las calles de Cochabamba.
Cochabamba, Bolivia | Por: Axel Azurduy
